Salamanca, una ciudad universitaria


Hasta el último rincón de Salamanca es universitario: durante el periodo lectivo, te encontrarás alumnos en los cafés, en la Plaza Mayor, las bibliotecas atiborradas de estudiantes… Y es que toda la ciudad se mueve en torno a la Universidad, una institución educativa con nada menos que ocho siglos de antigüedad.

Sin embargo, a pesar de los años o los siglos, el alma universitaria de Salamanca la mantiene joven, gracias a los miles de estudiantes que circulan por ella y la ocupan cada año, insuflándole aire fresco, vida y juventud.
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La Alberca, un pueblo para perderse en Salamanca


Es la niña bonita de la provincia, por su especial y bella arquitectura rural que le da un toque como de escenario de postal, típico y muy bonito. De hecho, la Playa Mayor rodeada de viejas casas de piedra con vigas de madera y balcones llenos de flores, es una de las estampas más conocidas del lugar. No es de extrañar que los vecinos del pueblo se esmeren por mantenerlo bonito y limpio, siempre preparado para recibir al visitante.

Por todos sus tesoros, merece la pena acercarse hasta La Alberca. Un pueblo con historia, típico donde los haya, y que resume en cualquiera de sus rincones la esencia de la tierra salmantina en la que se localiza. Su belleza y encanto está fuera de toda duda, tal y como lo demuestra el hecho de que haya sido elegida, en más de 20 ocasiones, como escenario de películas de cine.
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La Plaza Mayor de Salamanca


Salamanca es una ciudad increíble, llena de cultura, de monumentos, de historia… Pasear por su casco histórico es una experiencia inolvidable, sobre todo en primavera. Uno va admirándose con palacios y edificios históricos y, cuando cree que lo ha visto todo, de repente se topa con la Plaza Mayor, una maravilla de estilo barroco como hay pocas.

Los salmantinos la llaman, en familia, “la plaza”. Para ellos es acogedora y cotidiana. Sin embargo, para el turista es una de las más bellas y destacadas de España. Te contamos algunas curiosidades sobre la Plaza Mayor de Salamanca.
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La Casa de las Conchas en Salamanca


La Casa de las Conchas es uno de lugares más bonitos y llamativos de Salamanca. Está ubicada en el centro de la ciudad y es una espectacular mansión de estilo gótico que se llama así por las más de 300 conchas que tiene incrustadas en su fachada. Sin duda un lugar que merece la pena ver ya que es muy original. Actualmente es la Biblioteca Pública y varias cafeterías, y su acceso es gratuito.

Su construcción comenzó en el año 1943 por encargo de Rodrigo Maldonado de Talavera, quien fue Caballero de la Orden de Santiago y miembro del Consejo Real de Castilla. En un principio, se construyó para que se alojaran allí los peregrinos que hacían el Camino de Santiago y que así la ciudad salmantina formara parte importante en las rutas peregrinas.
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Salamanca y Peñíscola, contrapuestas pero igualmente encantadoras


Salamanca y Peñíscola son dos ciudades que hay que visitar como mínimo una vez en la vida. Si bien es cierto que una no tiene nada que ver con la otra, no menos cierto es que ambas son encantadoras por lo que son capaces de ofrecer a los turistas. La primera es para viajar con la mochila a cuestas, mientras que la segunda es para no olvidarse la toalla y las chanclas.

En Castilla y León podemos toparnos con Salamanca, una de las ciudades más importantes de esa comunidad autónoma. Tiene una superficie de 39,34 kilómetros cuadrados y una población que apenas alcanza los 160.000 habitantes. Pese a que los datos no son muy espectaculares que digamos, lo que sí es espectacular es su riqueza cultural y artística. Además, es la ciudad universitaria por excelencia, lo cual también le ha dado cierto reconocimiento a nivel internacional, aunque evidentemente no está a la altura de otras universidades europeas como por ejemplo la de Oxford.
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Si vas a comer a la Sierra de Francia…


Aunque por su nombre no lo parezca, la Sierra de Francia se localiza en el sistema central del sur de la provincia de Salamanca. Es una sierra muy conocida en España tanto por sus paisajes como por sus senderos. En esta ocasión nos vamos a centrar en la gastronomía del lugar. Sus sabrosos y artesanales platos típicos, te pueden ayudar aportándote la energía que necesitas si decides hacer senderismo por la zona.

Hay un gran número de platos que podrás degustar en todos los restaurantes de la localidad. Todos ellos son paltos típicos, muy reconocidos en toda la zona de la sierra de Francia. Lo primero de todo es pedir unos entrantes. Te permitirán comprobar al calidad de sus embutidos. Chorizos, salchichones o quesos, todos ellos elaborados en la zona. Si además una vez que los pruebes te han encantado, podrás comprarlo en alguna de las muchas tiendas de embutido que encontrarás.

Una vez terminados los entrantes, te damos dos opciones. En primer lugar, las patatas meneadas. Es uno de los platos más conocidos y típicos de la zona. Tiene un sabor increíble y normalmente vienen acompañadas de un tocinillo para comer con ellas. Para degustar este plato has tener un buen estómago, pues es un plato que llena bastante. Si no, siempre te queda la segunda que no por ello peor opción: las sopas artesanales.

No te vallas de la sierra de Francia sin degustar las carnes de la zona. Todas están preparadas en un horno de leña, algo que les dejará un sabor único y difícil de olvidar. Y que mejor que terminar con alguno de sus riquísimos postres: leche frita, tarta de queso o arroz con leche. ¡Nada mejor para retomar fuerzas que una buena comida!

Día y noche en Salamanca

Salamanca se distingue porque todo lo tiene por partida doble: dos catedrales, dos universidades, y dos vidas muy distintas. Junto con el ambiente habitual de una ciudad que se caracteriza por el turismo, en la capital charra convive también el ambiente estudiantil. Esto hace que sus fantásticos monumentos se vean aderezados con tunas, ambiente nocturno imparable, y una especie de “abierto 24 horas”.


Lo primero que ve el visitante que llega a Salamanca es el río y, al fondo, la maravillosa estirpe de la Catedral, que impone y reina en la ciudad. Conviene disfrutar de esas vistas, desde el otro lado del río (a ser posible desde el puente romano) y pasear antes de adentrarse por las calles de una ciudad que ha sabido conservar el sabor y el encanto de antaño.

Estilos gótico y barroco predominan en sus calles, en las que es imposible no fijarse. El plateresco adorna la piedra amarilla de Villamayor, cuna de canteros y lentejas que, aunque poco refinadas, son exquisitas.


Lo primero en lo que ver son las catedrales. La Catedral Vieja, coronada por la Torre del Gallo, de estilo románico y cuyo Retablo Mayor fue pintado en 1445 por órden del obispo don Gonzalo Viveri, constituye toda una experiencia que concluye con la visita a la aneja Catedral Nueva. La renovada versión es un cúmulo de gótico, plateresco y neoclásico.

Salamanca es idónea para amantes de la arquitectura. Pero es más que eso. Muy próximo a las catedráles, en el Patio Chico, se alza la Casa Lis. Construida a comienzos del siglo XX, destaca por sus vidrieras en ventanas o el lucernario de la escalera central. Animada y colorida, la Casa Lis tiene en su interior la colección de Art Noveau y Art Déco de Manuel Ramos Andrade, lo que le confiere una especial interés. Los que tengan miedo a los muñecos de porcelana, mejor contentarse con el exterior.

Ya callejeando de nuevo, la mejor opción es la Rúa Mayor. En el número 36 está una pastelería siempre llena de gente, la Croissanteria Paris, que te venden cualquier clase de croissant, napolitana o similar siempre caliente y relleno sobre la marcha a gusto del consumidor.

Desde allí llegamos rápidamente a la calle compañía, con la Casa de las Conchas (hoy convertida en biblioteca), cuya construcción comienza en el siglo XV y concluye en el siglo XVIII con una ampliación. Los motivos de la fachada, conchas y flores de Lis, se deben a los escudos de Rodrigo Arias de Maldonado y María de Pimentel. Fue por su enlace matrimonial cuando la casa comenzó a construirse.


Frente a ella se alza otro de los edificios majestuosos de la ciudad, la Clerecía, el ejemplo más claro del barroco en España. Hoy en día, es la iglesia de la Universidad Pontificia de Salamanca, centro estudiantil por excelencia en la ciudad, cuna de conocimiento y también de belleza.

Desviándonos un poco, por la calle Libreros nos encontramos con la famosa fachada plateresca de la Universidad. Y no es famosa por su estilo, sino porque en ella se encuentra la famosa rana, que entre calaveras, flores y todo tipo de adornos, se encuentra enclavada en la pared. La tradición estudiantil dice que, si empiezas a estudiar y encuentras la rana, tendrás suerte en tus exámes.


De nuevo en marcha para aproximarnos a la Plaza Mayor, que se alza majestuosa al final de la Rúa Mayor, claro prototipo de plaza barroca y que sigue siendo lugar de reunión como antaño. Merece la pena hacer un descanso en una de las múltiples terrazas (especialmente durante octubre, época de novatadas estudiantiles) en las que, a pesar del coste relativamente elevado, el visitante podrá ver, tranquilamente, la auténtica esencia de la vida en la ciudad.

A pesar de que en la propia plaza y sus calles aledañas se encuentran muchos bares de tapas donde poder disfrutar de las bondades del cerdo salmantino (costillas, jamón asado, pinchos morunos, lomo…), lo mejor es dejarse llevar por lo que hacen los habitantes de la ciudad y salirnos del centro histórico hasta llegar a la calle Van Dyck, en cuyos alrededores se encuentran muchos bares de tapeo de lo mejorcito de la ciudad y restaurantes económicos (que no por ello malos).


Por último, en cuanto a la vida nocturna, son muchas las opciones. Para los más jóvenes, y que quieran disfrutar de beber y reír en la calle, la Plaza del Oeste es cita obligada. Si lo que se busca es un ambiente más alternativo, donde beber cerveza por poco precio, la elección está clara: la Plaza de San Justo (más conocida por la Plaza de San Costo entre los estudiantes). Por último, la Gran Vía, de ambientes más selectos y donde se puede bailar.

En definitiva, una pequeña ciudad que nunca duerme.

Malta, un lugar mágico de bajo coste

Playas, monumentos megalíticos, zonas cuasi desérticas, comida mediterránea de primera calidad y, sobre todo, un precio más que asequible. Todo eso y mucho más nos ofrece Malta, un pequeño archipiélago frente a las costas africanas y que constituye una peculiar mezcla entre las culturas italiana, anglosajona (ya que fueron colonia británica) y tunecina.

Situado al sur de Italia y al norte de Libia, su buen clima y la hospitalidad de sus gentes la convierten en un destino de excepción para aquellos que quieran conocer una nueva cultura sin invertir demasiado tiempo (ni dinero).


Tres islas principales, Malta, Comino y Gozo, son los principales atractivos. De todas ellas, Malta constituye la más importante. Es donde se encuentran todos los organismos oficiales. Cuidado con la zona de Malta que se elige. La mayor parte de las agencias de viajes ofrecen alojamientos en la zona de Sliema o St. Paul, de poco atractivo pero con lujosos hoteles y ampliamente dedicadas al turismo. Es mucho más interesante buscar alojamiento en La Valletta y, desde allí, desplazarse a donde sea necesario.

Centrar nuestro punto de operaciones en La Valletta tiene gran importancia, puesto que es el punto de partida de casi todas las líneas de autobuses y, ya que a muchos no nos agrada conducir por la dirección contraria y, además, las carreteras son muy malas, mejor dejarse seducir por el encanto de los antiguos autobuses americanos de los años 60 y 70, pagar unos céntimos, y desplazarse por el interior y las costas en ellos.

A eso hay que sumarle que, si nos alojamos en las zonas «recomendadas», tendremos poca oportunidad de conocer la belleza de las calles maltesas y de sus gentes. Malta es una ciudad con solera, cuna de la Orden de los Caballeros de Malta y de grandes fortificaciones de la era británica.

Si vamos buscando playa y actividades acuáticas, es muy importante tener en cuenta que Malta continúa siendo un país muy católico, donde no sólo está prohibido el divorcio, sino que el ponerse en ‘top less’ es un delito. Así que mejor utilizar trajes de baños adecuados si no queremos llevarnos ningún disgusto. Fumar en los bares también está prohibido, sin embargo, muchos hosteleros se saltan la norma debido a que las pérdidas son más grandes que lo que les cuesta sobornar a la policía.


Para los que les guste el arte, los templos de Ggantija (Gozo) o Tarxien (Malta) son dos opciones incomparables. Para el callejeros, interesados en la vida y las costumbres maltesas, mejor pasear por La Valletta, o Rabat (también llamada Mdina y antigua capital del archipiélago). No es de extrañar que en Mdina el viajero sienta cierta similitud con ciudades como Salamanca… el arquitecto de la mayor parte de los monumentos pertenecía a la misma escuela y, pese a no poseer la dureza de la piedra de Villamayor, los bloques utilizados para la construcción se asemejan a los charros en cuanto a tamaño, apariencia y color.


Si bien Malta no destaca por sus playas, excepto algunas recónditas y la tumultuosa de Meliehah, la costa es espectacular. No olvidar visitar Blue Grotto, o cualquiera de los múltiples pueblos pesqueros, especialmente Marsaxlokk o las 3 ciudades (Vittoriosa, Senglea y Conspicua). Todas y cada una de ellas tienen su encanto.


Eso por no hablar de los paisajes marinos, especialmente en Gozo, la isla donde Calypso «secuestró» a Ulises. No es de extrañar que no quisiera volver. La Blue Lagoon, de cristalinas aguas turquesas y el paisaje en general no tiene desperdicio.

En cuanto a comer, en Malta no hay ningún problema. Recomendables sus cervezas y vinos autóctonos, pescados frescos, quesos y verduras y hortalizas en general. La mayor parte de los restaurantes ofrecen buena comida a precios asequibles y es posible comprar fruta a modo de tentempié en cualquiera de los puestos callejeros.

Toda una experiencia inolvidable si te olvidas de los hoteles para turistas, los viajes programados y las playas repletas. Lo mejor, ir a tu aire, comprar una guía de Malta antes de ir y elegir la propuesta más acorde a tus inquietudes. Porque en Malta hay diversión para todos los gustos, incluso nocturna. No es difícil encontrar la marcha, sólo hay que seguir el sonido de la música.