El Palacio Ideal de Francia


El “Palais Ideal” es claramente una obra única en el mundo. Fue creada en el siglo XIX por Ferdinand Cheval. Un simple cartero que dedicó su tiempo libre durante 30 años a levantar este impresionante edificio de piedras y rocas.

Es difícil imaginar que un sólo hombre haya sido capaz de hacer algo semejante, pero así fue. Doce años antes empezó a planificar su palacio. Recolectando diversos materiales que se iba encontrando durante los viajes a los que se veía obligado hacer por su trabajo, y gracias a su ingenio y genialidad creó esta obra de arte con una ornamentación única.

Como cabe esperar, el estilo de esta obra es difícil de categorizar dentro de todos los estilos arquitectónicos conocidos, ya que su creador se valió simplemente de su imaginación. Sin embargo, de entre todos estos estilos se a empleado la arquitectura naive para definir este monumento. Una arquitectura que es considerada creativa e ingeniosa. De entre todas las escenas que se pueden contemplar en sus muros, destacan aquellas en las que aparece un templo hindú o monumentos egipcios. Tiene también ciertas similitudes con los castillos medievales.

Actualmente el Palacio Ideal de Hauterives, en Francia, es considerado un monumento histórico. Además, el entorno natural que le rodea incrementa aún más su belleza y originalidad. Como se puede observar en la fotografía, la abundante vegetación, los árboles centenarios y el color verde que se expande por todas partes, acogen al palacio y le dan un toque de magia.

En su interior se exhiben en varias de las habitaciones del palacio figuras a escala de algunos de los monumentos más importantes y tradicionales del patrimonio europeo. Tales como el castillo mediebal o el chalet suizo.

St Paul de Vence en la Costa Azul


Muchos turistas quedan maravillados con este bellísimo pueblecito de la Costa Azul en la región de Provenza. El antiguo puesto fronterizo de St Paul de Vence, se encuentra situado entre Francia y Saboya, actualmente es una de las perlas medioevales de esta región del sur galo. Un pueblo amurallado que rezuma arte con más de 60 galerías desplegadas por sus calles históricas.

St Paul de Vence nos sorprende por cualquier rincón. Si miramos hacia el exterior, vemos unas impresionantes vistas de los campos de cipreses y sus pueblos de tejados rojos con piscinas y palmeras tropicales. Mientras que si le damos un vistazo hacia el interior del restaurado casco medieval, quedamos asombrados por las obras de arte desplegadas por las placitas, calles tortuosas y sus históricos edificios.


Uno de esos edificios más visitados es «La Colombe d’Or«, fue también muy frecuentado por Pablo Picasso cuando visitaba la zona. Como nunca tuvo casa en este pueblecito, se alojaba en este famoso albergue cuando recorría la Riviera. Era frecuente entonces pagar la habitación y la comida con pinturas, por lo que hoy se pueden admirar en el comedor dos obras de Picasso y Matisse, un restaurante solo al alcance de los bolsillos más exquisitos.

Este pueblo habitado actualmente por 3.000 personas, se convirtió en una próspera villa medieval por su variado comercio de higos, aceitunas y naranjas. Recorrer las murallas, la Rue Grande o la Grand Fontaine (1850), situada en una encantadora placita medieval, permite ver como muchos de los viejos edificios de los siglos XVI y XVII mantienen su encanto, a pesar de que muchos de ellos albergan boutiques, tiendas de recuerdos o galerías de arte.


La Iglesia Colegial y la Capilla de los Penitentes Blancos pueden completar la visita de la villa que solo guarda dos hoteles dentro de las murallas. La capilla fue en su día un antiguo templo dedicado a obras de caridad, decorada por el artista Folon con un inmenso mosaico de más de un millón de piezas pequeñas, vidrieras, pinturas y esculturas.

Fuera del recinto medieval te recomendamos desplazarte hacia la Fundacion Maeght y Aimé Maeght (1964). Fruto de una colaboración entre varios artistas y el arquitecto Josep Lluis Sert, muestra 9.000 obras de arte moderno y contemporáneo en medio de una naturaleza exuberante. Sólo a quinientos metros de la fundación se encuentra la Capilla de St. Charles y Saint Claude, del siglo XVII. Su visita es absolutamente imprescindible. Desde sus viejos muros se disfruta de la vista panorámica más fascinante de St Paul de Vence, un lugar inolvidable en el corazón de la Costa Azul.

Mont Saint-Michel, maravilla de Occidente


Por su espectacular arquitectura y su bahía, el Mont Saint-Michel se ha convertido en un referente turístico de Normandía, así como uno de los primeros de Francia. Su nombre se debe a la excepcional abadía, consagrada al arcángel Saint Michel, situada en un peñón rocoso de una isla, en el estuario que forma a su desembocadura el río Couesnon.

Desde 1979, el Mont Saint-Michel y su bahía forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco. También, los numerosos edificios del lugar que han sido clasificados como monumentos históricos.


Otro de los elementos que contribuye a la espectacularidad del conjunto son las mareas, que en otros tiempos convirtieron al monte en una fortaleza inexpugnable. Actualmente el acceso a la abadía está asegurado por una carretera que llega a la base del peñón, pues durante siglos sólo era accesible a pie, cuando la marea estaba baja y por mar, cuando era alta.

Los orígenes de la actual abadía datan entre los siglos VIII y IX, aunque el pasado de la zona se remonta a la época celta, cuando algunas tribus se acercaban al monte para realizar cultos druídicos. Durante la Edad Media, al igual que Roma y Santiago de Compostela, constituyó uno de los centros de peregrinaje más importantes de Occidente. En la época de la Revolución fue destinada como prisión y a finales del siglo XIX se iniciaron las obras de restauración.


En la pequeña ciudad medieval que conforma el Mont Saint-Michel, podemos encontrar casas y comercios del siglo XV y XVI, un puente levadizo, la iglesia dedicada a San Pedro del siglo XV y la gran escalera que conduce a la abadía, llamada du Grand Degré.

Por alguna razón, este emblemático lugar recibe cada año más de 3 millones de visitantes entre peregrinos y turistas.

Amboise, cuna del Renacimiento francés


Es el tercero de los famosos Castillos del Valle del Loira, cuya perspectiva domina todo el río a su paso por la ciudad de Amboise, en el departamento francés de Indre-et-Loire. El dato más curioso sobre este castillo es que los restos de Leonardo da Vinci descansan en su capilla, ya que durante los últimos años de su vida residió en el Castillo de Clos-Lucé, en la misma ciudad.

De origen medieval, sus fortificaciones se iniciaron a partir del siglo XIII, siendo obra del rey Carlos VIII las primeras construcciones importantes que se realizaron. Entre ellas destacan la capilla de Saint-Hubert (1491-1496), ubicada sobre una gran roca y en la zona exterior del castillo. El nombre de la capilla se debe al santo patrón de la caza, por ello los motivos de su decoración interior están relacionados con esta temática. Respecto al ala de Carlos VIII, realizada en estilo gótico tardío (al igual que la capilla), esta alberga las cámaras o viviendas reales. Por su parte, el ala de Luis XII fue ejecutada en estilo renacentista. En el exterior, las torres circulares de Minimes y Hurtault con rampas cubiertas permitían el acceso hasta el castillo, elevado sobre el nivel del río unos 200 metros.
SEGUIR LEYENDO «Amboise, cuna del Renacimiento francés»

El castillo de Chambord


Esta joya de la arquitectura renacentista francesa, está considerada como el más hermoso de los Castillos del Loira. Al igual que Blois, el castillo de Chambord se sitúa en el departamento francés de Loir-et-Cher, a orillas del río Loira.

Inicialmente fue concebido como pabellón de caza para el rey Francisco I, quien mantuvo su residencia habitual entre el cercano castillo de Blois y el de Amboise. Existen algunas hipótesis sobre la implicación del gran maestro Leonardo da Vinci en su diseño original, al ser invitado por el rey Francisco I. Ciertamente, el gran Leonardo residía y trabajaba muy cerca de Amboise, y tras su muerte, fue enterrado en la capilla de Saint-Hubert, en las afueras del castillo.


En cuanto a la estructura del castillo se trata de un planta cuadrangular, con ocho torres y un torreón en el interior. Sus espectaculares dimensiones dan cabida a 440 habitaciones, 84 escaleras y 365 chimeneas. Destaca especialmente, como una joya de la arquitectura, su escalera abierta de doble hélice que permite el ascenso y descenso a la vez, sin toparse con otra persona.


Cuatro salas que forman una cruz y se comunican entre ellas, están dispuestas alrededor de esta escalera de doble hélice, distribuyendo cuatro partes de vivienda. Se cree que este diseño pudiera ser obra de Leonardo da Vinci, aunque no existen pruebas que lo corroboren.

La capilla, de dimensiones excepcionales, se encuentra unida al torreón mediante una galería. Su construcción fue iniciada por Francisco I y acabada, posteriormente, por Luis XIV.

Tras la muerte del rey Francisco I y durante más de ochenta años, los sucesores que habitaron el castillo dejaron que este se fuese deteriorando con el transcurso del tiempo. Gracias a Gastón d’Orleáns, que lo recibió como regalo de su hermano Luis XIII, se iniciaron las obras de restauración del castillo para evitar que cayera en la ruina.

El castillo de Blois


En el departamento francés de Loir-et-Cher, a orillas del río Loira, se sitúa uno de los más destacados castillos por su complejidad arquitectónica. Un castillo que debe su nombre a la ciudad donde se ubica: Blois. Estilos que abarcan desde la época merovingia francesa, la Edad Media, el Renacimiento, el clasicismo y el romántico, se mezclan, cohabitan y se confunden en una hermosa construcción que nació a principios del 1500.

A lo largo de su historia, siete reyes y once reinas residieron en el castillo, entre 1500 y 1715. Como muestra de su paso por Blois, en la fachada del edificio se pueden observar los animales heráldicos de algunos de ellos: la salamandra de Francisco I, el puerco espín de Luis XII, la L de Luis XII, la A de Ana de Bretaña o la C de Claudia de Francia.

La estructura de Blois se compone de un bloque de cuatro castillos en uno solo, producto de las cuatro fases de su construcción: al antiguo castillo de los condes de Blois se añadió el ala de Luis XII, el ala de Francisco I y el ala de Gastón de Orleans.


Ala de Luis XII. Observando su fachada se puede imaginar como fue el castillo real en sus inicios. De estilo Renacentista italiano, conserva sin embargo ornamentos medievales que se muestran por toda la fachada. En la parte exterior, sobre la puerta principal, aparece la representación ecuestre de Luis XII.


Ala de Francisco I. A diferencia de su predecesor, Luis XII, este apenas reinó desde Blois, aunque las obras que llevó a cabo son considerables. La fachada que da al patio posee características medievales y su estilo es de principios del Renacimiento. Una suntuosa escalinata exterior pone de manifiesto el esplendor de la arquitectura renacentista.

Ala de Gastón de Orléans. Aunque fue construida según sus deseos, Gastón de Orleáns falleció sin haber tenido ocasión de vivir en su palacio inacabado. El elemento más preponderante es su fachada, pues su genialidad reside en haber anticipado el clasicismo mucho antes de su época.

El interior de cada una de las alas, en las que se divide este gran castillo, se pueden visitar numerosas salas donde se exponen los objetos recopilados a lo largo de la historia de Blois. Mobiliario, obras de arte, esculturas u objetos de uso personal se muestran al público para evocar la vida y costumbres de los reyes que residieron en tan fastuoso palacio.


Cada nombre asignado a las diferentes salas sugiere por sí mismo el uso de las mismas: Sala de los Capitanes de la guardia de la Reina, Galería de la Reina, Cámara de la Reina, Oratorio de la Reina, Gabinete de trabajo de la Reina, Cámara del Rey, Sala del Consejo, Sala de la Guardia del Rey, Gabinete nuevo, Galería del Rey y Sala de los Estados.


Por otro lado, en el castillo recoge las más diversas obras de arte que se exponen en diferentes galerías: Galería de las tapicerías y esculturas, Gabinete de los Retratos y la sala de Objetos de hierro forjado y cerrajerías artísticas.

La Torre del Foix, es un vestigio del recinto medieval, probablemente se tratase de una torre de ángulo en la muralla. Su nombre se debe al arrabal de la ciudad que permitía vigilar. En esta torre se instaló un observatorio astronómico, a petición de Gastón de Orleáns. En el camino de acceso se encuentra una fuente que perteneció a los jardines de Luis XII.

Primera foto: D. Lépissier.

París, la ciudad más cara del mundo


París es la ciudad más cara para vivir de acuerdo con la última encuesta que ha realizado Economist Intelligence Unit. El estudio se ha encargado de evaluar el coste de vida mediante la comparación de los precios de la vivienda, la comida, la ropa, el transporte y los costes de los servicios públicos en 132 ciudades de todo el mundo. El objetivo del estudio es el de ayudar a las empresas a calcular los subsidios para los ejecutivos y sus familias que se envían a trabajar a otras ciudades del mundo.

Tokio ocupa el segundo lugar, por encima del sexto lugar que ocupaba hace un año. La caída de la moneda en Rusia con respecto al dólar, ha hecho que Moscú se convierta en un lugar mucho más barato de lo que era antes. Según los economistas, no hay nada sorprendente en que París ocupe ese primer lugar, ya que es una ciudad muy desarrollada dentro de un gran país.


Este año, los encargados del estudio, han decidió convertir todas las cantidades económicas en dólares, ¿por qué? Muy sencillo; de esta forma son capaces de comparar mejor los precios después del fortalecimiento que ha sufrido el euro. Este, ha crecido cerca de un 20% frente al dólar durante el año pasado. Si quieres ir planeando tus vacaciones, aquí tienes la lista de las 10 ciudades más caras del mundo:

1 – París, Francia
2 – Tokio, Japón
3 – Oslo, Noruega
4 – Frankfurt, Alemania
5 – Milán, Italia
6 – Sídney, Australia
7 –Londres, U.K.
8 – Dublín, Irlanda
9 – Chicago, USA
10 – Shanghái, China

Los castillos cátaros

La ruta de los “castillos de la libertad”, como muchos los han denominado, recorre los importantes vestigios monumentales de los cátaros (siglos XII y XIII), que hoy son considerados, casi, como un mito. Un recorrido de dos o tres días en coche, nos mostrará gran parte de estas reliquias del pasado en las acogedoras tierras occitanas.

Una vez pasada la frontera, toda la ruta cátara está perfectamente señalizada e indicada y el recorrido se puede hacer desde Foix a Perpignan como desde Perpignan a Foix.


Castillo de Roquefixade

Si tomamos como punto de partida la ciudad de Foix, el siguiente pueblo que encontramos es Lavelanet y el acceso al castillo se realiza desde el mismo. Tan sólo se conservan algunas piedras aunque la panorámica es espléndida.


Castillo de Montsegur

Es el más famoso de todos por ser testimonio de la muerte de 225 cátaros que murieron en la hoguera por no abjurar de su fe en el año 1244. El camino hacia el castillo parte desde el Prado de los Quemados, donde se emplaza una lápida en honor a estos hombres. Desde allí, el ascenso al castillo es uno de los más duros, pero las vistas recompensan el esfuerzo.


Castillo de Puivert

De fácil acceso, pues está situado a pie de carretera, su edificación deja patente la finalidad para la que se construyó. A diferencia del resto, este castillo fue un lugar de ocio donde se celebraban torneos de caballos, y punto de encuentro de juglares y trovadores.


Castillo de Puilaurens

Se accede desde Lapradelle y fue uno de los emplazamientos más importantes de la resistencia cátara. El camino de ascenso es bastante duro pero permite conocer la flora autóctona y tener una idea del complejo sistema defensivo que le caracterizaba.


Antes de llegar a la siguiente parada, Saint Paul de Fenouillet nos muestra sus espectaculares Gorgues de Galamus, un estrecho pasaje entre montañas por donde discurre el río.


Castillo de Peyrepertuse

Se trata de una espectacular obra militar del siglo XII, perfectamente mimetizada con la montaña. Su extensión alcanza los 300 metros de longitud y el acceso se realiza por un estrecho camino entre bosques que parte desde el aparcamiento.


Castillo de Quéribus

Con un emplazamiento espectacular, a unos 728 metros de altitud, y muy cercano al castillo de Peyrepertuse, fue el último reducto cátaro que cayó en manos del rey (año 1255). Se trata de un auténtico “nido de águilas”.


Castillo de Aguilar
Construcción del siglo XII, al cual se puede acceder desde el pueblo de Tuchan, e incluso hasta los pies del propio castillo, en coche. La parte más interesante de su estructura es la doble muralla exterior con seis torres circulares, ya que de la parte interior apenas quedan restos. Otro atractivo que ofrece su visita es la inmejorable vista sobre las viñas de las Corberes.

A unos 5 kilómetros, en el pueblo de Tautavel podemos visitar el museo con los restos prehistóricos de los primeros pobladores de la zona, hace unos 400.000 años.

Naturaleza excepcional en Montagne Noire


El macizo montañoso de Montagne Noire se encuentra dentro del Parque Natural de la región del Haut-Languedoc (Alto Languedoc), al suroeste del Macizo Central, en Francia. Con una edad de 360 a 300 millones de años, esta cadena montañosa presenta dos vertientes bien diferenciadas:
septentrional – zona predominantemente boscosa, caracterizada por la presencia de pinos, abetos y robles. Esta densidad de vegetación es la que da el nombre de Noir (negro) al macizo.
meridional – más árida y con una flora típicamente mediterránea (olivos, castaños), contrasta con la anterior por sus profundos barrancos, donde van a parar la mayor parte de las aguas del macizo.

Sin duda, el macizo es un lugar excepcional donde la naturaleza se manifiesta en sus formas más diversas y caprichosas. Lagos, arroyos, cañones y bosques conforman los elementos de un entorno ideal para disfrutar con los cinco sentidos.

Lugares para descubrir

Mazamet – Encantadora ciudad situada a los pies del macizo, en el departamento de Tarn. Fue fundada por los visigodos como Hautpoul en el año 413 y construida a modo de fortaleza sobre un pico, bajo el que se dominaban los valles colindantes. Siglos más tarde,el asentamiento de Simon de Montfort, principal protagonista en la Cruzada Albigense contra los cátaros en Hautpoul (año 1212) provocó el desplazamiento de sus habitantes hacia el valle para construir la nueva Mazamet.

Hoy día, la fortaleza medieval de Hautpoul, constituye el legado de una historia marcada por sangrientas batallas de religión. Sus muros albergan artesanos y talleres para preservar la historia y el patrimonio del lugar.

A los pies de esta villa medieval, la Maison du Bois ofrece una exposición del hermoso arte de la madera, rodeado de un espectacular Jardín Botánico con más de 54 especies diferentes.

Para viajar al siglo XIX, la Casa de los Recuerdos recrea el escenario de la boda de sus propietarios en un salón de época. Además, se puede descubrir la historia y la fe cátara, en una exposición ubicada en la primera planta de la casa.

Para disfrutar del ocio y el deporte en un entorno natural, el Lago de las Montañas, dispone de la más variada oferta en actividades: rutas de senderismo, pista de fitness alrededor del lago (2.7 km), senderos para ciclismo, zonas de picnic con barbacoa, zona lúdica para niños, natación en el lago bajo supervisión o mini-golf.


Clermont l’HéraultCapital de la uva de mesa, esta villa posee además la iglesia gótica de Saint Paul, el castillo feudal y el Lago de Salagou. En sus proximidades también se puede descubrir el espectacular circo de Mourèze, donde la erosión milenaria ha esculpido la roca dando lugar a extraños relieves ruininiformes.


Les Matelles – Pintoresca ciudad medieval rodeada de murallas y con museo sobre la Prehistoria.


Montolieu – Célebre ciudad de la Montaigne Noire donde libreros y encuadernadores han instalado sus talleres. A visitar el Museo de artes y técnicas gráficas.


Saint Guilhem le Désert – Ciudad medieval fundada por Guilhem, duque de Aquitania. De su Abadia de Gellone, construida en el año 804, solamente se conservan la iglesia, el portal y el campanario del siglo XV. Interior románico, claustro y museo lapidario donde reposan los restos de Saint-Guilhem. En sus alrededores se encuentran las Gorges de l’Hérault, con el Pont du Diable (siglo XI), el puente gótico en Saint Etienne d’Issensac y la Gruta de Clamouse.

Lamalou les Bains Estación termal a los pies del Mont Caroux y l’Espinouse. Dispone de un pequeño tren turístico que va de Bédarieux a Mons-la-Trivalle, pasando por Lamalou les Bains y las Gorges d’Héric.


Viols le Fort – Ciudad medieval con castillo del siglo XIII. En sus cercanías se encuentra el poblado prehistórico de Cambous, con exposición permanente sobre la prehistoria.

Descubrir la belleza de las Gorges du Tarn


De los siete parques nacionales franceses, el Parque de Cévennes es el más extenso. Situado en la región del Languedoc-Rosellón, al sur de Francia, en el se ilustra la riqueza y la diversidad de una región protegida. El río Tarn que transcurre por la ladera del Mont Lozère, ha ido formando a lo largo de las épocas un profundo y espectacular desfiladero, donde la práctica de deportes de riesgo se convierte en uno de los principales atractivos del lugar. Descensos en canoa o kayak, espeleología, escalada o cañoning satisfarán las expectativas de los más aventureros, pues el cañón reúne las condiciones idóneas para la práctica de estos deportes.


En un recorrido de extraordinaria belleza, a través de una de las zonas menos pobladas de Francia, los amantes del senderismo también encontrarán rutas fascinantes. Sus características paisajísticas permiten realizar diferentes rutas: a pie por los desfiladeros o descender a remo por el río.

En las proximidades de las Gorges du Tarn podemos descubrir algunos de los pueblos más bellos de la región de Lozère:


Sainte Enimie. Ciudad medieval con calles adoquinadas, ubicada en el centro del desfiladero que posee una hermosa iglesia del siglo XII. En sus alrededores se encuentran el Castillo de Prades, la villa de Castelbouc e Igloos de Causse de Sauveterre, construidos en piedra.


Florac. Siutada en el Parque Nacional des Cévennes, a la entrada de las Gorges du Tarn, en el se pueden visitar el antiguo castillo de Florac y el manantial du Pêcher.

Alès. Llena de historia y de turismo industrial. Posee el museo de arte Pierre André Benoit, las minas y su colecciones geológicas de la escuela de minas de Alès, así como el festival de teatro en el mes de julio.


Le Rozier. Punto de partida hacia las Gorges de la Jonte, posee una iglesia románica del siglo XII y es un espacio protegido para los buitres en libertad.

Anduze. Entre sus atractivos destaca el recorrido en tren de vapor a través del Parque de Cévennes, el museo de la música que recopila más de 1200 instrumentos de todo el mundo o la gruta del Trabuc, entre otros.