El cementerio de Comillas, en Cantabria


Visitar cementerios por interés turístico, afortunadamente, se está convirtiendo en una experiencia cada vez más demandada. Resulta que, al margen de su dramática función, los camposantos son, a veces, lugares de gran belleza, que pueden estar emplazados en parajes privilegiados, tranquilos y con bellas vistas.

De hecho, en Europa este tipo de turismo tiene una gran tradición y existen rutas organizadas que recorren los cementerios más bellos. De hecho, ya te hablamos en otra ocasión sobre los cementerios más famosos de Europa. En España se está empezando a descubrir el interés de recorrer algunos de los cementerios más bellos del país. El cementerio de Comillas, en Cantabria, es uno de ellos.

El ángel guardián


Situado en una colina con vistas al Cantábrico, a las afueras del pueblo, el de Comillas es todo un referente en lo que se refiere al romanticismo clásico y gótico en materia de cementerios. Declarado Bien de Interés Cultural, se estableció en torno a lo que era una iglesia parroquial del siglo XV, hoy en estado ruinoso.

Una de las cosas que el visitante ve primero, y que recordará como uno de las rasgos que definen este camposanto, es la imponente estatua del ángel guardián (representa a Azrael, el arcángel de la muerte). En principio la estatua, obra del escultor catalán Josep Llimona, estaba destinada al mausoleo de Claudio, hermano del primer marqués de Comillas. Sin embargo, resultó tan grande que se colocó en el ábside de la vieja iglesia.

Dentro, podrás contemplar magníficos mausoleos y tumbas ricamente ornamentadas, con bellas esculturas y grabados. El responsable del estado actual del cementerio de Comillas fue el arquitecto modernista Lluís Doménech i Montaner, quien lo amplió en 1893. Fue entonces cuando el camposanto adquiere aún más señorío y belleza. Doménech mantuvo las ruinas de la antigua iglesia y lo rodeo de una alta tapia de piedra, que se cierra con una gran puerta con reja de hierro.

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