Geiranger, uno de los tesoros de Noruega

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No te extrañe que volvamos a hablar de Geiranger, del que ya dije que era uno de los pueblos europeos perfectos para unas vacaciones románticas. Está frente al fiordo Geirangerfjord, al oeste de Noruega, y es de esos lugares que uno define como bucólicos por todo lo que le rodea.

El fiordo que lleva su mismo nombre es sencillamente espectacular. Eso hace que sus habitantes se sientan como unos privilegiados día tras día, compartiendo las fantásticas vistas con los miles de turistas que ponen los pies en esta localidad para contemplar una joya de la naturaleza que desde 2005 está presente en la lista de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Un pueblo de cuento adaptado al turismo

En Geiranger la vida se saborea con calma, especialmente durante los meses en los que hay menos turismo. Cuando sí lo hay la cosa cambia bastante, ya que durante los cuatro meses más intensos del año su puerto recibe la llegada de algo más de 150 cruceros, algo que explica por qué el turismo es la fuente principal de ingresos de las 250 personas que viven allí.

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Hay hasta 5 hoteles y más de 10 lugares donde la acampada está permitida. Como puedes imaginar, debido a la elevada demanda y a los deseos de preservar la zona lo más virgen posible, pasar una noche allí no es precisamente barato, y menos si tienes la suerte de contemplar las montañas que dibujan la forma del fiordo desde la habitación.

Cuando pones los pies en sus calles tienes varios planes a tu alcance. El más popular de todos es el de buscar un mirador desde el que obtener las mejores fotografías del fiordo. También puedes visitar su iglesia de madera con forma octogonal, su diminuto puerto deportivo o tiendas como Geiranger Sjokolade, a la que acudirás sin necesidad de agarrar el mapa, ya que sus trufas con sabor a mora y sus postales de chocolate te guiarán deliciosamente hasta la puerta.

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Los más deportistas también pueden hacer que su visita coincida con la celebración de una media maratón y una carrera ciclista que se celebra por esos lares todos los años. El pistoletazo de salida se da al nivel del mar, pero los participantes deben terminar en la cumbre del monte Dalsnibba, a casi 1.500 metros sobre el nivel del mar, donde cuesta mucho más coger oxígeno.

La amenaza de Geiranger

Para terminar, y sin ánimo de que te asustes y canceles tu visita a Geiranger, decir que el pueblo vive con la amenaza de que ocurra una catástrofe natural que acabaría con él. Algunos expertos dicen que la montaña Åkerneset podría erosionarse y terminar cayendo al fiordo, lo que provocaría un tsunami que pondría en aprietos la supervivencia de uno de los pueblos más idílicos de Europa.

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