Río Duero: un recorrido para descubrir paisajes e historia

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Los ríos son una forma de hacer turismo. En muchos de ellos, incluso, es posible hacer recorridos en barcos o barcas para conocer con más detalle sus orillas o llegar a poblaciones que, de otra manera, no serían accesibles o, al menos tan fácilmente. Algunos de los ríos más importantes de Europa tienen este recorrido. España no es una excepción. El río Duero ofrece una magnífica oportunidad para conocer historia, cultura, patrimonio y gastronomía de los diferentes parajes que atraviesa y no solo en el territorio nacional, sino también en Portugal. Aquí hacemos un recorrido por algunos de sus atractivos en los cerca de 900 kilómetros que atraviesa desde el Pico de Urbión a Oporto.

La ruta

El río Duero puede recorrerse a través de diferentes rutas que tienen una duración de aproximadamente una semana, aunque también cabe la posibilidad de hacer recorridos de cuatro días.

Con independencia de la elección, hay una serie de enclaves que deben visitarse. Uno de ellos es Peñafiel para ver su fortaleza –todo un ejemplo de arquitectura militar-, que domina los valles de los ríos Duero, Duratón y Botijas y permitía proteger a la población. Además, aquí no hay que perderse el Museo Provincial del Vino para conocer las técnicas de producción y elaboración de estos vinos, que figuran entre los más famosos del mundo.

El recorrido puede llevar hasta el monasterio cisterciense del siglo XII Santa María de Valbuena, que es el mejor conservado de Europa y que, hoy en día, es un complejo turístico con 79 habitaciones de lujo y con instalaciones de spa con aguas mineromedicinales. Otro motivo para visitarlo es que es sede permanente de la Fundación Las Edades del Hombre.

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Y en el camino también está Aranda de Duero, que ha sido reconocida como Ciudad Europea del Vino. Esta localidad es muy conocida por su gastronomía y, en concreto, por el lechazo y el cordero asado.

Pero también es tierra con historia y belleza. Destaca, por ejemplo, la Iglesia de Santa María la Real, gótica isabelina del siglo XV, en la que hay que fijarse en la portada atribuida a Simón de Colonia y que incluye escenas en relieve de la Adoración de los Magos. También merece la pena ver el camino de las bodegas subterráneas de unos siete kilómetros.

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