Groenlandia, la isla blanca del Ártico

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Los científicos de medio mundo advierten que Groenlandia se derrite sin dilación, pero sus bellezas naturales siguen impresionando en este remoto lugar del planeta que todavía estamos a tiempo de visitar. Detenerse en los pueblos inuit, embellecidos con glaciares y contemplar la fauna polar de esta isla blanca del Ártico, supone una experiencia única. Groenlandia es diferente a cualquier otra parte del mundo. Esa es la gran naturaleza. A la intemperie. Sólo pensar que la gente ha sobrevivido en esas condiciones tan extremas de frío polar durante más de mil años es algo que impresiona.


Fram es el barco estrella de Hurtigruten, la compañía naviera noruega que recorre las aguas de esta isla blanca del Ártico, la segunda más grande del planeta después de Australia, en la temporada estival. No se trata de un crucero como los que se hacen en el Mediterráneo o en el Caribe, aquí el objetivo radica en descubrir el mundo de los inuits y de los icebergs. Son precisamente estos bloques de hielo que flotan en el mar y el cariño de los esquimales que viven en estas tierras lo que realmente gusta de Groenlandia.


En Groenlandia te puedes encontrar con más de una sorpresa. Nunca sabes lo que te espera a cada momento o lo que pueden ver tus ojos. Puedes descubrir de repente el latigazo de la aleta dorsal de una ballena, maravillarte con la caída en picado de un glaciar sobre el mar o asombrarse con un enredado iceberg espectacular por su forma y sus colores azulados que se reflejan en el mar. Las impresiones de esta grandiosa naturaleza siempre cautivan. Nadie queda defraudado.


Kangerlussuag es la primera parada de entrada habitual a Groenlandia. Unas 600 personas viven a la vera de este antiguo aeropuerto militar, que construyeron los norteamericanos durante la II Guerra Mundial para servir de trampolín entre Estados Unidos y Europa. El inhóspito lugar tiene fama por ser un magnífico lugar de contemplación de la fauna terrestre ártica y, especialmente del buey almizclero. Solo un par de docenas de estos lanudos herbívoros llegaron en los años sesenta procedentes de Canadá, pero hoy pastan por la llanura más de 15.000 que constituyen otra postal de Groenlandia.

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