
La villa de Guissona está situada en la comarca de la Segarra (Lleida), al norte de Cervera. Curiosamente, y pese a pertenecer a una comarca con una hidrografía poco importante, Guissona adquiere importancia desde la antigüedad por todo lo contrario. La abundancia de agua en su entorno hizo que se la conociera como el “manantial de la Segarra”. Actualmente, la ciudad goza de una gran actividad económica gracias a uno de los grupos alimentarios más importantes del país.
Históricamente, la ciudad se remonta al neolítico, aunque el primer asentamiento humano importante corresponde al principio de la época del hierro (siglos IX al VIII a.C.). Durante el período ibérico, Guissona ya ha adquirido suficiente importancia como para acuñar su propia moneda, con la inscripción de IESSO en caracteres ibéricos. No obstante, es a partir de la implantación romana cuando la ciudad adquiere la categoría de municipio de derecho latino.
La últimas excavaciones arqueológicas que se han efectuado revelan parte de la estructura urbanística de la ciudad romana, la mayor parte de la cual ha quedado bajo la actual villa. Además de las ruinas, existen testimonios de esta época como la conducción de agua en una galería de las fuentes, situadas al lado de los lavaderos (s.XVIII), la necrópolis de cal Mines (época tardo romana) i la necrópolis de la Closa. En esta última fue encontrado un jinete de bronce (s.II) y una lápida funeraria excepcional en cuyo texto se establece un diálogo entre una madre y su hija difunta.

De las tres puertas existentes en el recinto amurallado, de época medieval, únicamente se conserva el portal del Angel, que da paso al núcleo antiguo.

La iglesia de Santa María, de estilo neoclásico, fue construida entre 1774 y 1800. En su interior se conserva la imagen en piedra de la Mare de Déu del Claustre (Madre de Dios del Claustro), datada entre los siglos XIII y XIV.

En la zona de levante de la villa, se puede visitar la obra de Fluviá, un gran edificio de estilo gótico tardío, con un patio central, iglesia y dependencias, posiblemente destinado a palacio episcopal.
Situado, también en las afueras y pasado el cementerio, se encuentra el Pozo de Hielo, una gran cavidad excavada en el terreno, cubierta por una cúpula que se utilizaba para almacenar la nieve.







































